Hola Jesús
Soy joven. Lo sabes muy bien. Me cuesta mucho acercarme al mundo del dolor. No soy un buen samaritano. Me gusta ir a lo mío y que los demás se aguanten con su pena. Ya me tocará a mí algún día. Por ahora la veo lejanísima. Sé, por otra parte, que para descubrir la realidad de mis amigos, y ser capaz de verte a ti en ellos, me hace falta más plegaria, es decir, llevar una vida en la que vea las cosas y a los otros con tus propios ojos.
Muchas veces, Señor, la palabra oración me sabe a cosa de monjas y curas. No logro meterme en su corriente bienhechora. Sé, leyendo libros, que la plegaria es mucho más que hablar contigo o que recitar de memoria Padrenuestros o Avemarías. Cuando un joven se pone en actitud de oración, sabe que tiene que implicarse en el análisis de la realidad y de la confrontación, y hacer una lectura cristiana de los hechos.
La ciudad de Jericó, entregada como la mía a la diversión barata, necesaria pero un tanto sucia e inmoral, fue el lugar en el que te encontraste con los sacerdotes, el levita y el buen samaritano. Los primeros no podían ayudar a nadie por sus leyes( no podían tocar sangre ni entrar en contacto con un desconocido. De haberlo hecho no podían tomar parte en el culto). Los segundos, equivalentes a nuestros sacristanes, respetaban escrupulosamente las mismas leyes. Tuvo que ser el samaritano, el menos creyente ( según los judíos) pero el más humano, el que se detuviera para socorrer al herido por culpa de unos bandidos. Sintió misericordia ante su situación en el camino. " Se le conmovieron las entrañas". Y, cuando esta mañana leo este texto evangélico, me sorprendo de su actualidad. El samaritano no se queda simplemente en un sentimiento de lástima como los sacerdotes y el levita. Se lanza a ayudarle y a llenar la pobreza del corazón de su hermano herido. No le entrega cosas admirables. Le da lo que tiene: su propia persona. " Se acerca a su lado y le aplica aceite y vino".
Además, lo lleva a la posada u hotel y le entrega al recepcionista el dinero equivalente a dos jornales. Pero lo fundamental es que siente misericordia por él, una actitud opuesta a la lástima hipócrita y lacrimógena . Pero que no va más allá.
Hoy existen muchos heridos tendidos en los caminos de la pobreza y marginación. Hacen falta más samaritanos que presten su ayuda material y espiritual. No basta con entregarles algo de lo que te sobra. Eres tú quien debe entregar lo que tienes y eres. ¡Ah, pero esto es pedir demasiado! ¡ Que lo hagan otros! ¡ Yo estoy bien tranquilito con lo que tengo! ¡ Que me dejen en paz! ¡ Siempre están pidiendo los curas y las monjas!
Jesús alaba la misericordia del samaritano. Y es duro cuando le dice al maestro:" Vete y haz lo mismo". No le dice: Ve y aprende lo que has oído"... Jesús habla de acción, porque el Evangelio no son datos ni relatos bonitos, sino la vivencia de la misericordia y de la ternura.
Una vez más, Señor, me dejas " pasmado", pero me encanta tu valentía.
Gracias sinceras de Fernando, 16 años

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