28)Hola Jesús
Mi amiga y compañera en el trabajo de los medios de comunicación te ha presentado su parte positiva. Esto es lo que vale de verdad y para lo que la inteligencia humana los inventó. Pero tú bien conoces que la mano del hombre puede emplearlos para destruir o para orientar las conciencias por el lado negativo.
Son instrumentos en los que hay varios peligros. Me da pena que se distorsione la finalidad para la que fueron creados. Se corre el riesgo de que su amplitud se reduzca únicamente al ámbito de la casa, o a que sean una simple enumeración de datos, o que el hombre caiga en la pasividad y no se sienta inquietado por lo que pasa fuera de las ventanas de su sala de estar.
A este equipo de redacción llegan cada día miles de noticias de todo el mundo. Como no tenga uno cuidado, te habitúas a la rutina y a vivir miserablemente en plena riqueza informativa.
La persona moderna que no se cultiva y estudia el lenguaje de estos medios para poder descifrarlos, corre el peligro de darle a todo la misma importancia. Todo se transmite con la misma importancia. Tras las muertes hambrunas de Sudán vienen con la misma correlación de tiempo e importancia una noticia de fútbol, el tiempo o la muerte de un ser humano en una sangrienta refriega terrorista
Otra idea que puede hacer daño a los consumidores de los medios es la pérdida de su propia identidad. Tanta acumulación de información hace que el receptor no la digiera. Esta invasión medial logra que se sepan muchas cosas y al mismo tiempo que el hombre se sienta turbado en su propio interior.
Hay mucha gente llamada " fagocitadores del presente", en cuanto que los medios aluden siempre a noticias e informaciones de la actualidad. De esta manera, la persona, sin darse cuenta, va olvidando su pasado y hasta sus raíces.
Unicamente vale el disfrute del momento presente. Lo demás hay que mandarlo al olvido. A ello contribuye también la pérdida acelerada de la sensibilidad del consumidor medial. Las series televisivas, los programas radiofónicos se han dado cuenta de que el morbo y el escándalo tienen mayor incidencia en los espectadores que las noticias buenas.
Y lo hacen sin escrúpulos. Razón: la publicidad aumenta y con ella la entrada de mucho dinero al medio de comunicación.
La programación de algunas cadenas de TV son ejemplos vivos de esta tendencia. Cada día y a la misma hora ponen programas en los que aparecen las personas con problemas matrimoniales, personales, sociales religiosos... Nunca o raramente aparecen personas normales que, por otra parte, es lo que más abunda en la sociedad.
Estos programas, como sus mismos presentadores, llegan a mitificarse.
Así, lentamente, se ha llegado a la formulación de una persona que ama mucho más la imagen que el razonamiento; a una persona que se goza en la parte sensitiva de su ser más que en la parte racional; a una persona eminentemente intuitiva y poco habituada a mantener una conversación o estudio razonado; a una persona llena de conocimientos informatizados y poco o nada comunicados; a una persona que fracasa e los estudios. Estos requieren el empleo del raciocinio, que, en los medios no aparece. Al contrario buscan el impacto en la parte del cerebro en donde residen las sensaciones. Al perder el equilibrio, es normal que fracase en las materias científicas.
Ante este nuevo tipo de hombre tecnológico y de una cultura tecnológica, definida como la "civilización del consumo, ocio y espectáculo", hace falta, Señor, formar al hombre para que tenga el poder de la crítica y seas tú y tu Evangelio los referentes de todo cuanto ven o escuchan. Sí, de verdad. Tu Iglesia y la mía "reconoce como don de Dios y de la inteligencia humana el conjunto de los medios de comunicación social en cuanto tal, puesto que se inscribe en el progreso del desarrollo de la creación... pero hay que darles el matiz cristiano evangélico para que la vida de los creyentes no sea víctima de ideas y sensibilidades opuestas al Evangelio.
Formar a los comunicadores cristianos en una ética y una teología de la comunicación es asunto primordial en nuestros días.
Termino, Señor, con unas palabras de tu Vicario Pablo VI: "La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara estos poderosos medios que la inteligencia humana perfecciona cada día más".
Gracias, Señor, por el trabajo que tengo. El me permite seguir luchando contra viento y marea por el valor positivo que tienen los medios y por desterrar sus puntos negros. Cuento con tu ayuda. Vale.
Te abraza con afecto, Ramón, 23 años

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