Hola Jesús
Este día lo dedico casi por entero - es fiesta -, a pensar y contemplar tu figura en la parábola de los talentos. Me ha cautivado siempre su meditación. Creo que afecta por entero a mi vida.
Reconozco que me has dado unas buenas cualidades en todos los aspectos de mi persona. No tengo dificultad en encontrar trabajo, en tener amigos - as y en desenvolverme bien en esta sociedad que tanto se "paga" de tener en sus empresas altos y eficientes cargos ejecutivos.
Sé que mis jefes están contentos por el trabajo que despliego en todos los objetivos y planes de la empresa a la que presto mis servicios. La vida me sonríe. Todo el mundo me felicita por mis éxitos de trato, amabilidad y extensión de mi empresa.
Me encuentro bien, en una palabra, en lo referente a mi rendimiento económico. No soy como otras amigas mías que, aún poseyendo más cualidades que yo misma, se han arrinconado en su " casita y en su cochecito" y no quieren aspirar a nada más alto y sublime.
Sin embargo, por mi parte, aspiro a grandes cosas. Pero tú sabes bien, Señor, que no es para brillar simplemente ante los hombres atosigándolos con mis buenas formas o maneras y mis dotes de inteligencia. No, no quiero esta vanidad. la odio y la rechazo desde lo hondo de mi corazón joven.
Me encanta mantenerme en la infancia espiritual que he aprendido de tu Evangelio. Reconozco con toda humildad que, ante este mundo competitivo, me siento un ser desvalido y sin mérito alguno. Esta actitud la conservo viva en mi ser gracias a que cada día eres tú mi punto referencial al comenzar la jornada. Es precioso que ante la gente de alto copete sepa alternar y darles , de vez en cuando, capotazos a sus aspiraciones monetaristas y consumistas. A veces no me entienden. Sin embargo, mi jefe, también creyente como yo, me apoya en todo. Lo cristiano bien entendido y vivido no está reñido con la ganancia económica con tal de que se haga de ella un uso humano y cristiano. Te lo diré después.
Cuando me pide cuentas de mi rendimiento- como tú en el Evangelio -, él sabe que rindo al cien por cien. Esto, de por sí, no me satisface. Se lo digo con toda sinceridad a mis superiores. El dinero que ganamos de más, nos pertenece proporcionalmente. Una gran parte de lo que hemos ganado, lo debemos entregar para obras de misericordia. Esta, creo, que es la labor de un creyente tuyo en esta sociedad actual.
Los millones que gano para la empresa no me enrojecen la cara ni me dan vanidad. En casa, Señor, todo es sencillo y transparente. No vivo de lujos. La austeridad de vida da un ambiente sobrenatural a mi casa. La sobriedad en el vestir y en el comer hace que mi casa sea una puerta abierta a los necesitados, a los invitados de toda condición social.
Intento que, con mi familia, la casa sea siempre una fiesta en la que se celebra la felicidad del encuentro contigo.
Estoy teniendo reparos en contarte mi trabajo y mis ganancias. Pero, al fin y al cabo, creo interesante que lo sepan mis amigos los jóvenes para que tomen conciencia de que por más dinero que puedan ganar, si no los emplean para dignificar su vida en contacto con tu Evangelio, no serán felices. El dinero, si no se tiene cuidado, corrompe fácilmente.
Sé que eres exigente conmigo y con los dones que me has dado. Por eso pretendo celebrar cada día la entrega de tu vida a la mía en un sano objetivo de multiplicar el dinero y el uso que hay que hacer de él.
Gracias, Señor, porque soy consciente de que estoy leyendo tu Evangelio al día de hoy. Gracias porque sé que necesitas personas que ocupen grandes puestos en el mundo actual para que, desde ellos, resplandezca tu reino de justicia y amor.
Termino mi carta. Me da pena de mis compañeros creyentes porque no rinden. Son " inútiles", cerrados a la mirada amplia de tus exigencias. Les ayudo en esta misión que me has encomendado. Les hago ver que tienen que explotar sus cualidades hasta el fondo. Hay que pisar el acelerador de la vida para extraerle todos los dones que nos has otorgado y compartirlos con los otros.
Siento lástima, repito, Señor, por mis amigos jóvenes acomodados a cuatro cositas de nada: la moto, la chica, el chico, la bebida y...ellos me entienden. Una pena.
Con todo afecto, Blanca, 25 años

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