Caminante no hay camino, se hace camino al andar. (Antonio Machado)


En otras ocasiones, en otros espacios ya había dicho que el mandato misionero a lo largo de la historia ha recibido interpretaciones parcialistas, por ejemplo, ver la misión como el sólo ir de un lugar a otro, y no sólo ir, sino ir para dar algo, ir para hacer, enseñar, convertir, construir etc. Incluso en las congregaciones religiosas se oyen todavía discusiones sobre quién es el mejor misionero, es decir el que hace más, o el que más camina, o mejor el que más horas camina para llegar de una comunidad a otra, que más bautismos realizó, quien administró más sacramentos, quien formó más grupos o movimientos, el que construye más edificios. etc. etc.

Difícilmente se escucha plantear la misión como se nos plantea a través de los textos del documento de aparecida, (243ss) o de los textos el evangelista Juan, (En esto conocerán que son mis discípulos, en que se amen los unos a los otros como yo los he amado…Jn 13,35. ) creo que son para la actualidad y el futuro, el camino más viable, porque se nos propone el camino de la búsqueda, el del encuentro, de comunión, y no hay que pensar que el camino ya está hecho, sino que hay que ir construyéndolo constantemente, y ver la manera más apropiada de acercamiento a ello, y al otro, al misterio.

El hecho de que muchos de nosotros ya no conocemos siquiera el lenguaje de la gente de las nuevas generaciones, o de sentirnos que no nos comprenden, que no nos escuchan, es uno de los signos o índices que estamos ante una realidad diferente, y al encontrarlos diferentes a nosotros, no nos tendría que hacer retroceder ni mucho menos atemorizar, sino ver que estas situaciones nos dan pautas para ir aventurándonos a estos mundos tan desconocidos y distintos, para ello no basta el manejo solo de las lenguas, aunque con eso no se dice que no sean necesarios, pero en algunos casos, ese desconocimiento mismo como que nos tendría que predisponer a empezar de nuevo, a veces de la nada, así sólo desde el contacto y la apertura ir construyendo o reconstruyendo ese caminar hacia lo distinto, hacia las personas, hacia las culturas, hacia la historia y en nuestro caso podríamos decirlo hacia la misión.

Los misioneros tenemos la experiencia de hacer viajes, viajamos de un lugar a otro constantemente, sería oportuno aprender de estos viajes que solemos hacer, los encuentros que solemos tener, muchos de ellos son iluminadores e inspiradores, ese viaje no es sólo exterior ( el cambiar o trasladarse de un lugar a otro), sino es más bien un viaje interior del misionero, en ocasiones estamos llamados a lanzarnos a un mundo desconocido o mejor, a mundos desconocidos, ( a mi personalmente me tocó estar en Chile, en Uruguay, en Brasil, en Guatemala, en Bolivia, en espacios, en culturas, en tradiciones, con gentes totalmente desconocidos, experiencias que hicieron que mudara en mi interior infinidades de cosas que sin ellas, no hubiera sido así.) y estamos llamados a acercarnos a todo ello, con ese deseo profundo de observar, de escuchar, de aprender, no ir con prejuicios, o preconceptos, ir hacia el encuentro de los otros o del otro, predispuestos a buscar, vivenciar y aprender lo distinto o lo similar a lo que ya se conoce, pero sin creerse superior, ni alguien que va a dar lo verdadero o lo absoluto, nos acercamos a las culturas con humildad y humanidad, como otro amigo-hermano, siempre con un profundo sentido de búsqueda.

Nuestro acercamiento a la realidad, al otro, al misterio, es bien diferente de muchos otros acercamientos arrogantes, los misioneros lo hacemos con todo lo que supone el tramo humano, no nos limitamos ni nos encerramos en definiciones ya hechas ni en dogmas, nos acercamos con la mente, el corazón, con los ojos y los oídos de la fe en aquél que nos amó primero, en aquél que nos llamó y nos envió, de hecho nuestra vocación nos ayuda a predisponernos a ciertas realidades, pero casi siempre es un camino a aprender, un camino a emprender, como nos recuerda Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar…

Nuestra manera de acercarnos al misterio, al otro, considerando y respetando su espacio sagrado debe ser de un profundo tino. Es creo, una de las vías más eficaces para una verdadera relación, estos viajes interiores y exteriores nos invitan a seguir construyendo el camino de la vida, a seguir descubriendo y respetando al otro como misterio, como espíritu sagrado.

La misión vista como ese camino, como viaje interior-exterior o itinerario de encuentro es el desafío que inspira el texto de aparecida.

Reflexion por Hector, un escolástico de Uruguay en Cochabamba, que nos comparte el Padre Mingo OMI

Publicar un comentario

Puedes utilizar la opcion "Nombre/URL"

Solo tienes que escribir tu "NOMBRE".
La "URL" es opcional y puedes dejar el espacio en blanco.
Luego presionas en continuar.

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Suscribite y recibi lo ultimo de "Jovenes Oblatos" en tu e-mail