Fue tomada en Lourdes, en la sacristía de la basílica del Rosario, el mes de agosto 2006, (Encuentro Europeo de Jóvenes Oblatos) después de la procesión mariana de antorchas.

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Durante su retiro de 1814, Eugenio de Mazenod trae a la memoria la experiencia vivida unos siete años antes mientras rezaba ante la Cruz en una iglesia de Aix, un viernes santo. “He buscado la felicidad fuera de Dios y por demasiado tiempo, para mi desgracia. ¡Cuántas veces, en mi vida pasada, mi corazón desgarrado, atormentado, se lanzaba hacia Dios, de quien se había alejado! ¿Puedo olvidar aquellas lágrimas amargas que la visión de la Cruz hizo fluir de mis ojos un viernes santo?. ¡Ah! ellas brotaban del corazón; nada pudo pararlas, eran demasiado abundantes para que me fuera posible ocultarlas a aquellos que como yo asistían a aquella conmovedora ceremonia. Estaba en pecado mortal y era precisamente este el motivo de mi dolor. Pude entonces, y también en alguna otra circunstancia, notar la diferencia. Jamás mi alma estuvo más satisfecha, jamás probó una felicidad mayor; y era porque en medio de este torrente de lágrimas, a pesar de mi dolor, o más bien por medio de mi dolor, mi alma se lanzaba hacia su último fin, hacia Dios, su único bien, cuya pérdida sentía vivamente. ¿Para qué hablar más de esto? ¿Podré alguna vez expresar lo que experimenté entonces?. Sólo el recuerdo me llena el corazón de una dulce satisfacción".

Se trata de un punto decisivo en la vida de Eugenio, tal vez de uno de las momentos de conversión más importantes de su vida. Está ante la Cruz de la que pende el cuerpo sin vida de Jesús , el mayor signo de la pobreza del hombre en el sufrimiento y la muerte. Lágrimas amargas acuden a sus ojos cuando reconoce su ingratitud al ofender a Dios que ha derramado su Sangre por él. Y con todo, ese signo supremo de la inmensidad del amor y de la misericordia de Dios suscita en él la dicha y el deseo ardiente de reparar mediante la entrega total de sí mismo .

En este artículo sobre la Cruz Oblata, veremos algunas huellas de estos encuentros de Eugenio con la cruz , encuentros que le llevan a adoptar y estimar la cruz como distintivo del misionero oblato.

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