Cada congreso juvenil oblato nos deja algo importante, cuando comenzamos a trabajar en la parroquia San Pablo para recibir a los congresistas, primero recordamos nuestras experiencias y todos llegamos al consenso de que el primero realizado en Iquique, nos entrego la enorme gracia de reconocer la unión de los Oblatos con la Santísima Virgen, el segundo en el Colegio nos presento la vida en comunidad con las familias que nos recibieron en los hogares, el tercero en María Elena, toco el corazón con la fuerte oración y conversación con Dios.

Finalmente llegamos al IV congreso, donde por medio de un campamento logramos representar la vida de un sacerdote dejando todo por ir donde se le necesite y también solidarizamos con nuestros hermanos del sur de Chile reconociendo lo que significo dormir en carpas y vivir de una manera humilde con algunas limitaciones, éste fue en un comienzo nuestro objetivo, el cual en el transcurso del congreso se realizo y además se le agregaron otras acciones que engrandecieron aun más este encuentro juvenil.

Si relatara todo lo ocurrido antes de llegar al fin de semana esperado, sería realmente extenso, pero creo que todos hemos experimentado algo parecido si se trabaja en comunidad por algo grande y que reunirá a jóvenes en nombre del Señor, todo fue ajetreado y con algunos problemas que como familia parroquial logramos pasar y seguir… era tal el compromiso que teníamos, por entregar algo grande y distinto en el congreso que dificultades no puedo negar que tuvimos pero lo mejor es que éstas mismas cosas nos ayudaron a hacer un mejor trabajo en unión y comunión.

Nuestro congreso, como dije anteriormente fue un campamento, donde dormimos en carpa y comimos al aire libre, todo se realizo en un parque cerrado, que nos permitió trabajar siempre en contacto con el medio ambiente… en el transcurso del tiempo caminamos bastante para llegar a concretar las actividades en diferentes lugares, por ello podemos decir que nuestro lema: “Deja todo y ponte a caminar, que Cristo espera tu verdad” fue totalmente realizado en todo momento, permitiendo además que la unión entre los jóvenes chilenos oblatos fuera aun mayor, porque entre las caminatas se fortalecieron lazos de amistad y compañerismo. Si pensamos en algún momento que el congreso no cumpliría nuestras expectativas, creo que nos equivocamos totalmente porque pese a las falencias y dificultades que aparecieron en el camino logramos saltarlas y seguir adelante…

Entre los días 23, 24 y 25 de julio, los jóvenes oblatos nos reunimos para compartir nuestro testimonio en Dios desde el carisma oblato, asistieron jóvenes de Antofagasta (sede del encuentro), Santiago y María Elena. Todos unidos por un mismo fin, vivimos una experiencia maravillosa donde reencontrarnos significo unirnos aún más en San Eugenio de Mazenod…

Recordar el congreso significa recordar las sonrisas, chistes, oraciones, reflexiones, emostraciones de cariño y sobre todo, animo de vivir a pleno todas las actividades diarias…

Para finalizar, solo me gustaría comentar que al igual que San Eugenio somos jóvenes que en algún momento de nuestras vidas sentimos el llamado de Dios por entregar todos nuestros dones a su servicio como se hace año tras año en nuestro país con los congresos, actividades parroquiales y las misiones de verano…

Por esto y muchos más seguimos caminando junto a todos los jóvenes oblatos de Chile y el mundo en Cristo y María Inmaculada!!!!

Andrea Vega Tobar

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