¿Cómo se prepara la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada para el próximo Capítulo general?

Cada seis años, nuestra Congregación dedica un tiempo especial al discernimiento, es el Capítulo general. Se recurre a la sabiduría y no solamente a la planificación. Nos esforzamos por entender las necesidades misioneras de hoy, y a continuación nos preguntamos, como Oblatos, qué respuesta podemos darles. La gran familia Oblata también está involucrada totalmente; habrá por ejemplo, representantes de los Laicos Asociados, durante algunos días.

La preparación de tal esfuerzo requiere sobre todo de oración. Tenemos necesidad de la conducción del Espíritu Santo, con el fin de considerar la situación con amor y justicia; tenemos necesidad del fuego del Espíritu, en el amor mutuo, con el fin que nos unamos todos, en una tarea común. La oración por nuestro Capítulo, que rezamos a menudo, a veces cada día, expresa esta necesidad de asistencia divina.

Hay también una sana reflexión y un debate. Este proceso comenzó el año pasado, con encuentros de comunidad y la redacción de informes sobre nuestro trabajo, en cada país y en cada continente. En los meses siguientes les tocó encontrarse a los capitulares, ya sea los elegidos como a los ‘ex officio'. Un Capítulo y su preparación son ejercicios muy democráticos. Cada Oblato puede presentar propuestas que se deben discutir. Un Comité de evaluación de nuestras estructuras de Gobierno estudia los cambios posibles, en nuestras Constituciones y Reglas, cambios que deben someterse más tarde a votación, en el Capítulo. Por mi parte, debo escribir un informe sobre el estado de la Congregación; este se redacta, en la medida de lo posible, en un trabajo de equipo.

Como hay muchas actividades en marcha, nombramos a una comisión especial para sincronizar todos los detalles del Capítulo. Por primera vez habrá facilitadores que ayudarán en los debates a progresar sin contratiempos. En el plano mundial, intentamos estar en contacto, a través de nuestra página web, que recientemente ha sido completada por un “blog”.

El tema del 35º Capítulo será: “La Conversión: un nuevo corazón, un nuevo espíritu, una nueva misión.” ¿Puede explicarnos las razones de este tema? ¿De dónde viene este lema?

El lema se refiere, sobre todo, a la conversión: conversión en la renovación de los corazones, conversión en nuestro espíritu, conversión en la manera de ser misioneros. El logotipo expresa bastante bien esta idea: una dinámica circular de conversión rodea el símbolo OMI y el mundo entero.

¿Cómo apareció este tema? Apareció muy repentinamente, durante el encuentro de todos los Superiores provinciales de la Congregación en 2007, en Sudáfrica. A este tipo de encuentro lo llamamos “Intercapitular”. Cuando examinamos el estado de la Congregación, encontramos muchos puntos positivos. En estos últimos años, estuvimos de acuerdo sobre la necesidad de desarrollar la internacionalidad, de mejorar la vida de comunidad, de dar una formación más sólida a nuestros candidatos. Muchas de estas cosas ya se hacen, pero también percibimos claramente que hay elementos de resistencia. “¿De qué tenemos necesidad aún? ¿Qué se nos pide? No tenemos necesidad de más o de mejores documentos básicos o declaraciones sobre la misión, ni mejores directivas y reglas; sentimos que una cosa nos faltaba y era el cambio del corazón, con el fin de realizarlo verdaderamente quienes estábamos de acuerdo. O más bien, la cuestión no consistía en hacer mejor o más cosas, sino en ser diferentes en nuestras actitudes, en nuestra manera de vivir. La palabra bíblica que designa tal cambio es conversión. “Conversión”, he aquí la cosa que faltaba, este fue nuestro descubrimiento.

Debo admitir que nuestro tema, en verdad, no es original. Podemos aparecer como personas que intentan reinventar la rueda. El desafío de la conversión no se encuentra en las conversaciones o los estudios científicos, en torno a ideas verdaderamente nuevas. Sobre todo, debe tocar a mi persona y a mi comunidad. ¡No podemos simplemente discutir! La fuerza de este tema se revelará si lo comprobamos en nuestras vidas, sí realmente cambiamos nuestro corazón, nuestro espíritu y nuestra misión.

¿Cómo ha vivido la Congregación, estos últimos años? ¿Cuál es la ‘salud' de la Congregación, en la víspera del Capítulo general?

Hace seis años, en el último Capítulo, utilizamos una metáfora para describir a la Congregación: es como un jardín en la que una parte vive la primavera y la otra, el otoño. Esta comparación aún hoy parece adecuada.

Por ejemplo en algunos lugares, la Congregación disminuye, en importantes sectores del mundo occidental, y esta baja es mas acelerada hoy. Otras Provincias, Delegaciones y Misiones crecen regular y a veces rápidamente. ¡Hay casos donde el número casi se duplicó en seis años! Globalmente, el número total de los Oblatos disminuye cada año; pero en términos de vocaciones, hemos seguido siendo estables durante estas últimas décadas: contamos, un año con otro, entre seis y siete cientos Oblatos con votos temporales. ¡El número total de Oblatos es, actualmente de cuatro mil ciento treinta y ocho!

Estos datos son los de una Congregación con buena salud, pero las cifras no son todo. Lo que cuenta más es el espíritu y la fidelidad a nuestra vocación. Por ejemplo, entre los Oblatos más viejos, hay muchos que dicen estar felices de su vocación, cuando responden a mis cartas de felicitación. Hay Oblatos más jóvenes, o de edad media que viven su llamada, arriesgando incluso su vida, en lugares peligrosos, y algunos la han perdido efectivamente estos últimos años. Tenemos la oportunidad de tener nuestros propios mártires y nuestros propios santos. En general, creo que tenemos más claro nuestro carisma, consistente en la evangelización los pobres, en un espíritu de comunidad. La canonización de Eugenio de Mazenod y la beatificaciones de José Gérard y José Cebula favorecieron este esclarecimiento y fueron unas grandes bendiciones; bendiciones que no sólo valen para nosotros, sino también para todos los amigos de San Eugenio, y para la Iglesia entera.

Esta salud de fondo no quiere decir que no tengamos que tener cuidado. Probablemente hoy somos más conscientes, cuánto somos vulnerables; lo que antes era una plaza fuerte oblata, de repente se transforma en algo muy modesto. Nos damos cuenta hasta qué punto todo depende de la gracia de Dios, y que toda vocación es un regalo. ¡Estamos agradecidos por cada vocación! Reconocer eso nos compromete a invertir más en la formación de los jóvenes sobre todo, y la pastoral vocacional.

¿Cuáles son los retos que aparecen cómo más urgentes, en el despunte del tercer milenio?

Una pregunta que me hago a menudo: ¿qué pasa en la Iglesia y la Congregación, en los países occidentales? ¿Por qué ya no hay el mismo crecimiento exuberante, que tienen algunos países de Asia, áfrica o América Latina? Intento explicármelo: en Occidente las familias son más pequeñas, hay aún más distracciones, etc. pero estoy consciente que el desafío es más amplio. Más allá de la superficie, al Oeste estamos enfrentados a la ideología del secularismo. Creo que el secularismo es uno de los mas grades desafíos que la misión de la Iglesia debe señalar, y que nos plantea muchas preguntas, para las cuales seguimos buscando respuestas. ¿Cómo reaccionamos ante un mundo que se organiza sin referencia a su Creador? ¿Estamos ya contagiados de secularismo y comenzamos también a olvidar a Dios? Para ayudarnos a encontrar respuestas, podríamos tomar una orientación: la de colaborar con los Laicos Asociados; y especialmente, compartir nuestra misión con la juventud de hoy.

El debilitamiento del Occidente hace que la fuerza de la Iglesia y nuestra Congregación se desplace hacia el Sur. Esto constituye otro desafío en sí mismo, especialmente para nosotros, que desplegamos nuestra misión a través de todo el mundo. Hoy los misioneros no van de los “países cristianos” hacia los “países de misión”, como en el pasado, sino que se intercambian en todas las direcciones. Es un bonito desarrollo, al que debemos acostumbrarnos, y organizarnos de acuerdo a él.

Las obras misioneras abiertas recientemente, evidencian los nuevos problemas y las nuevas vías de acceso a la misión, tal como lo percibimos. Por ello realizamos encuentros sobre el Diálogo interreligioso, sobre los Pueblos indígenas, sobre la Misión con los jóvenes, sobre las Migraciones. Tuvimos encuentros con los Laicos Asociados y sobre la vocación del Hermano, y reforzamos el ministerio de Justicia y Paz.

Una última pregunta con respecto a la tragedia del terremoto en Haití. ¿Cómo los Oblatos haitianos viven esta catástrofe? ¿Cómo se hará la reconstrucción de las obras oblatas (la casa provincial, Escolasticado, etc.)?

Cada vez que escucho hablar del terremoto a Haití y de sus consecuencias, más me doy cuenta de la enormidad de la tragedia. Se encontraron cerca de ciento setenta mil cuerpos; otros están aún bajo las ruinas, y el epicentro fue exactamente en una ciudad, la misma capital. ¡Se dijo que fueron destruidos el 75% de los edificios de Puerto Príncipe!

Los Oblatos, fuimos preservados de lo peor; entre nosotros solo hubo un muerto, el Hermano Weedy Alexis. También perdimos la casa provincial y el teologado. Por otra parte, huyen hacia el interior del país, adonde llegan en masa desde la Capital, las poblaciones, tratamos de ayudarlos lo mejor que podemos, en nuestras parroquias y otras estructuras. Nuestro orfanato, en Les Cayes acoge a muchos nuevos huérfanos, actualmente son más de seiscientos, y se ayuda a los heridos y hambrientos. No tenemos muchas noticias de nuestra parroquia, en la Capital, donde las comunicaciones son más difíciles.

La administración provincial de nuestros ciento veinte Oblatos se desplazó. Será muy difícil reorganizar los estudios de nuestros escolásticos este año; un grupo lo va a intentar. Se discutió la idea de hacer estudiar en el extranjero, a los jóvenes Oblatos en formación primera, son alrededor de treinticinco, pero el Provincial (él mismo es profesor de Teología), dice que junto con las otras Congregaciones, permanecerán en el país y harán su teología en el contexto de su país. Tal tragedia pone en cuestión nuestra fe, nuestra vida moral y la forma en que somos misioneros, y se estudian mejor estas cuestiones en el mismo lugar, incluso si es necesario perder un semestre o dos debido a las circunstancias. La reconstrucción total de los lugares llevará mucho tiempo y debe seguir el ritmo de la ciudad.

Entrevista realizada por la revista Missioni OMI
Abril de 2010

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