El P. Wladimir Rojas (chileno), Provincial de la Provincia de Argentina-Chile ha acogido con mucho cariño la invitación de compartir lo que están siendo estos días del capítulo general para él, especialmente estos últimos días. Son reflexiones como las suyas las que están animando a los capitulares incluso en los momentos más difíciles, cuando los temas son complicados o no sabemos el siguiente paso a dar. Verdaderamente es una experiencia del Espíritu. Y los que estamos aquí en Roma sentimos que tanto los capitulares, como los que trabajan en los servicios, como el resto de oblatos y laicos esparcidos por el mundo estamos viviendo en comunión de espíritus. Sentimos de cerca su interés y su oración. Sin más, en este Domingo dejamos la palabra al P. Wladimir:


“Nuestro norte, los más abandonados…

Estamos en el momento de estudios de las CCRR, especialmente lo que habla de las estructuras de gobierno. Hemos pasado varias horas en el compartir, reflexionar, sobre los cambios propuestos para este Capítulo. Durante la mañana de hoy el facilitador hizo una pregunta interesante y, me sigue dando vuelta en la cabeza: ¿cuál es el mayor valor en la Congregación? Sin duda pensé el carisma oblato es un valor en sí mismo como toda su historia y los hombres que han entregado su vida a la misión. Los capitulares fueron expresando otros valores como la solidaridad, el equilibrio, la comunicación, la fraternidad en los asuntos económicos, etc. Cada vez que iban diciendo los valores me sentí en una gran sintonía con los oblatos de todo el mundo, porque estos mismos valores son conocidos y cercanos en nuestro Continente de América Latina. ¡Lo que hace la fuerza de un carisma!, pensé. Sin embargo, el gran valor, el que nos convoca y nos envía a la misión es Jesucristo. Como nos habla la C 2: «Escogidos para anunciar el Evangelio de Dios» (Rom 1, 1), los Oblatos lo dejan todo para seguir a Jesucristo. Para ser sus cooperadores, se sienten obligados a conocerle más íntimamente, a identificarse con él y a dejarle vivir en sí mismos. Esforzándose por reproducirle en la propia vida, se entregan obedientes al Padre, incluso hasta la muerte, y se ponen al servicio del pueblo de Dios con amor desinteresado… Espero que la madeja no se enrede y la reforma de las CCRR llegue a buen término y nos beneficie a todos los Oblatos y a los pobres a los cuales fuimos enviados.”


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