La semana comenzó con la meditación sobre la conversión. En esta ocasión fue el P. Pedro Brítez (paraguay) que la elaboró junto con sus novicios y laicos oblatos. Nos lanzaban retos y preguntas: ¿Cómo viven su vida consagrada?¿Y la misión a la que Cristo les envió?¿Y la vida comunitaria? ¿Son ustedes como Jesucristo, transparencia del amor paternal del Padre?¿Hacen como Jesús que se convierte permanentemente a los hombres haciéndose pobre para enriquecernos?¿Confían en los oblatos jóvenes y en los oblatos autóctonos para dejar que el carisma se encarne en los múltiples contextos de los pueblos?... Sin duda esta reflexión nos acompañó en los momentos fuertes de oración común del día de hoy, especialmente la Eucaristía y la oración ante el Santísimo.

La mañana se dedicó a votar las propuestas sobre el Administración y el Capítulo General. Quedó claro que el Capítulo no ve la necesidad de hacer grandes cambios a este nivel, sino más bien mejorar un poco lo que actualmente está funcionando. Algunos reflexionaron que no es el momento y que quizás lo que buscan los capitulares es una conversión del corazón y no de las estructuras. Los capitulares son invitados a hacer ellos mismos el proceso de conversión antes de hablar a los oblatos del mundo.

Por eso la tarde entera se empleó para recopilar lo que se había escuchado y sentido, lo que se soñaba y esperaba como fruto de este Capítulo. Fue un momento intenso en que algunos capitulares compartieron su experiencia personal. Momento en que se iba a lo esencial: nuestra relación con Cristo, el amor a los pobres, reconocer nuestras debilidades y errores, la invitación al diálogo trasparente, el sufrimiento que conlleva el cambio, creer de verdad en nuestra vocación y su actualidad,… En los próximos días de la semana los capitulares irán procesando todo esto para discernir las direcciones para la vida y misión de los oblatos en los próximos seis años.

El P. Jean Herik Jasmin (haitiano) que es misionero en Colombia es otro de los traductores a los que hemos pedido compartir su experiencia del día. Aquí está su aportación:

“Al final del duodécimo día del Capítulo General de los Oblatos, experimento tres cosas. La primera, una Comunidad Oblata en su búsqueda de revitalización deposita su confianza en la respuesta generosa y eficiente de los jóvenes y sus familias; tanto al nivel vocacional como al nivel de laicos asociados.
Segundo una Comunidad Oblata deseosa de propiciar su propia conversión interna con acciones concretas para descubrir el tesoro en el campo.
Tercera, experimento una Comunidad Oblata que tiene un gran sueño para el futuro de la misión: un sueño de vivir centrada en la persona de Cristo Resucitado; un sueño para dar a conocer al Evangelio en las lugares difíciles como la flor de loto que nace de entre el barro para abrirse pura y perfecta; un sueño para frenar la ampliación del desierto por el abono de la oración fraterna y comunitaria, las relaciones transparentes y el fortalecimiento de su carisma.”


Algunos capitulares ofrecieron algunos textos del Evangelio para describir la situación de los oblatos y del Capítulo: como los discípulos de Emaus, como los que pasaron la noche pescando sin encontrar nada, esperamos que Jesús mismo venga a explicarnos las escrituras y a partir el pan para nosotros, a que nos invite a ir “Mar adentro” (Duc in altum) o, con sus propias palabras, a “CONVERTIRNOS Y CREER LA BUENA NUEVA” para ser Misioneros de los pobres.

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