A los muy queridos jóvenes,

Soy padre Luis Lougen, OMI y al ser elegido como superior de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, me gustaría enviarles unas palabras. Quiero reconocer la importancia de la presencia y de la participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia y también para nosotros, oblatos, en la misión nuestra. Ustedes contribuyen generosamente con mucha fuerza, energía creativa y alegría junto con el deseo de comprometerse. Muchas veces hacen preguntas profundas y honestas para la Iglesia y para nosotros, oblato. Sus interrogaciones nos exigen coherencia de vida y que vivamos lo que profesamos. De esta manera, ustedes nos llaman a la conversión y nos ayudan a ser ministros más fieles al Evangelio de Jesucristo y a la misión de servir a los más pobres y abandonados. ¡Gracias por este don profético! Quiero enviarles mi oración para cada uno de ustedes junto con mi apoyo y estimación. Pido sus oraciones para qué yo sea fiel a Jesús, a mis hermanos oblatos y a la Iglesia. Que Jesucristo y María Inmaculada siempre inspiren sus vidas con un celo misionero de transformar el mundo en una señal más clara del amor, de la compasión y de la paz. Dios les bendiga siempre.”

Padre Luis Lougen, OMI

¡Lo conseguimos! Sabíamos que el P. Louis Lougen, Superior General electo, tenía hoy un día muy complicado: el último día del capítulo, muchas personas con las que charlar, la preparación de la Eucaristía con la homilía, la cena con los invitados… Pero le explicamos quiénes son los “jovenesoblatos” y gustosamente nos envió el mensaje que acaban de leer arriba. Podemos decir que es el primer mensaje que dirige como fruto del capítulo… todo un honor y un desafío para los que formamos esta familia.

Y dijimos que fue el último día del Capítulo. ¿Qué se hizo? Se aprobó el esqueleto de lo que será el mensaje del Capítulo. Habrá una carta dirigida a la familia oblata en que se compartirá la experiencia vivida. Parece que los capitulares se ven identificados con el “proceso de conversión” de los discípulos de Emaus y esta será la imagen preferida. Después, y como hemos señalado anteriormente, habrá cinco llamados a la conversión. Cada llamado comienza recordando que debemos estar centrados en la persona de Jesucristo. Y los cinco campos identificados para mejorar nuestra vida respondiendo a Jesús son: la Comunidad, la Misión, el Servicio de Autoridad, la Formación (primera y permanente) y la Administración Financiera. A cada uno de estos puntos les siguen acciones concretas en las que se invita a cada oblato, o a cada comunidad, revisar ciertos puntos de la vida y dejarse inspirar por las Constituciones y Reglas y el Evangelio para cambiar lo que no responde a lo que el Espíritu nos sugiere.

Los capitulares tuvieron tiempo para evaluar la experiencia y compartirla, tanto en pequeños grupos como en la sala. Después de 30 días se sienten una comunidad. A pesar de las diferencias se ha vivido y rezado, se ha compartido y discutido, se ha trabajado mucho… pero sobre todo se ha creado un espíritu de familia oblata que traspasa cualquier frontera e ideología. Se sintió el fuego de San Eugenio vivo y actual.

La Eucaristía que culminó el Capítulo congregó muchos participantes. Además de los capitulares y miembros de servicios vinieron otros oblatos de Roma y la Casa General, otros representantes de Congregaciones Religiosas y laicos y consagradas de la familia oblata. Se vivieron bonitos momentos como cuando el P. Louis dio las gracias al P. Guillermo y su consejo general que ahora están terminando su servicio. En su homilía nos invitaba a todos los presentes a ser más profundos en nuestra búsqueda de conversión, a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida diaria, a comprometernos más en nuestra misión de anunciar el Evangelio a los más abandonados. “Dios ha estado con nosotros durante este capítulo y esta es la buena noticia. Demos gracias a Dios”, nos dijo. Como San Eugenio estamos invitados a compartir nuestra experiencia de Jesús con todos. Llamados a compartir la experiencia del Capítulo con todos. Así que prepárense para recibir a los que vivieron este evento en sus respectivos países. Ellos portarán el fuego de un carisma renovado y con ganas de ser compartido por todos.

Damos gracias a María, en este mes misionero y del Rosario, que nos ha acompañado y permitido recoger para ustedes el compartir de casi todos los participantes en el Capítulo que hablaban español, tanto capitulares como personal de servicio. Entre ellos bastantes miembros del consejo general saliente y del entrante. Por cierto que se vio a muchos oblatos rezando el rosario o caminar hacia “la gruta de Lourdes” de la casa de los Hermanos para rezar a María. Y hoy de manera especial como día de su fiesta, Nuestra Señora del Rosario. En la oración y la Eucaristía nos seguimos encontrando.

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