Sábado y Domingo hay que recuperar energías para la última semana del Capítulo. Se nota el cansancio que es todo un desafío para los capitulares que afrontarán sesiones decisivas para preparar el mensaje a toda la congregación invitando a la conversión (Lunes y Martes) la audiencia con el Papa (Miércoles) y las declaraciones y celebraciones finales (Jueves y Viernes). Como ayer habíamos comentado, el nuevo consejo general recién elegido tuvo su primera reunión. Sólo dos oblatos estuvieron en el consejo general anterior, el P. Paolo Archiati (italiano) que ahora es Vicario General y el P. Chicho (español) que era y es consejero para Europa. A este último le hemos pedido que nos de sus impresiones ante esta nueva etapa que se abrirá después del capítulo.

“Durante la primera Misa que celebró el P. Louis como nuevo General junto con su consejo recién elegido, yo tenía sentimientos divididos. Por una parte, vivía con ilusión poder concelebrar con estos nuevos hermanos que el Señor me ha regalado, ya que también nosotros somos una comunidad oblata. Por otra, miraba a mis antiguos hermanos y compañeros de comunidad con las que tantas cosas he vivido y de los que tanto he aprendido. Se cierra una etapa y se abre otra. Así, casi somos los primeros que vivimos “la conversión” de la que habla el Capítulo, de una manera muy concreta.

Después de nuestra primera reunión hoy he visto la ilusión y las ganas de servir a la congregación en estos momentos tan interesantes para la misión de la Iglesia. Muchos van a tener que hacer grandes cambios en su vida, lo se por experiencia: nuevas lenguas, nuevos países, nuevos hermanos, nueva misión… En sus ojos veía las ganas de entregarse, de ser oblatos de cuerpo entero. Veía la generosidad tan grande de todos los que dijeron Sí al Señor cuando les llamaba a este servicio. Y esto para mí fue una llamada personal a la conversión.


También yo soy llamado a vivir esta etapa entregándome del todo, no dando las cosas como ya sabidas. Llamado a buscar nuevos medios, a escuchar con más atención a mis hermanos oblatos, a estar más cerca de Dios y de los pobres. Y tengo que poner todo de mi parte para que este deseo se haga realidad, se encarne en mí. Y para empezar, intentaré facilitar a mis hermanos este paso radical en su vida y que todos tendrán que hacer.

Y pensando en los que despedimos siento que también ellos cambiarán de vida. Todos me saludaban y bromeaban con mi nuevo nombramiento: ¡y yo que me quería ir de misiones! Los llevo en mi corazón y también por ellos pido delante de Dios. Unos y otros, como buenos hijos de San Eugenio, han dado su vida para responder a la llamada de Dios y han arriesgado todo por cumplir este servicio. ¡Que el mismo Dios se lo pague porque sólo Él es un buen pagador! Y pensando en cada oblato y todos los miembros de la familia oblata me atrevería a preguntar: Y tú, ¿qué harías tú si Dios te invita a cambiar tu vida?”


No prometemos nada, pero vamos a intentar traer a nuestra familia de "jovenesoblatos" la experiencia de algunas de las personas que seguramente ustedes tienen en su mente y tienen muchas ganas de saber lo que piensan y sienten. De momento nos deseamos todos un Feliz día del Señor.

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