Ixcán es una región del Quiché (Guatemala) que linda al norte con México y al oeste con Huehuetenango. El terreno es alrededor de los 200 metros sobre el nivel del mar, por lo cual predomina el clima sub-tropical. Hace calor casi todo el año. Hasta hace 50 años era selva perenemente verde, con una gran variedad de animales, vegetales y frutas tropicales, menos el mango, porque la lluvia hace caer sus flores. Ahora está poblada de numerosas aldeas.

En los años 60-70 los Maya de las montañas, que tenían tierras pobres, empezaron a colonizar la región. Pero casi contemporáneamente comenzó un conflicto entre el ejército y la guerrilla, una guerra provocada, organizada y armada por los imperios capitalista y comunista del tiempo que enredó, entre otros, a los países de Centro América.

Ixcán cayó en esa tenaza diabólica. La presencia guerrillera fue perseguida por el ejercito que no tuvo pena en arrasar, destruir y masacrar a todo sospechoso, fuera o no inocente. Mons. Gerardi en su “Proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica, Guatemala nunca más” recogió muchos informes sobre las masivas masacres de esos años.

Los Oblatos llegaron en Guatemala en 1988 en la diócesis mártir de Guatemala, el Quiché y en 1993 se hicieron cargo de la parroquia de Ixcán-Playa Grande que comprende 130 aldeas.

En este momento son 4 los Oblatos que atienden esa inmensa parroquia, uno de los cuales, P. Santiago Coc, es del grupo Maya Queqchí.

Allí con los Novicios vamos todos los años para una experiencia misionera. Cada vez se visitan zonas distintas. Este año estuvimos en las aldeas de Santiago Ixcán, Kaibil Balám y Santo Tomás.

¿Qué se puede hacer en una semana?

Abrir los ojos sobre la realidad, acompañar a las comunidades en sus celebraciones, escuchar sus historias, sus sueños, sus esperanzas, compartir con los jóvenes inquietudes y anhelos, jugar con los niños, visitar a las familias.

El verde nos rodea permanentemente y todas las fotos que sacas, salen lindas y con buenos colores, pero muchas veces no dan buen testimonio de la verdad y las que sacamos nosotros tienen el mismo defecto. Es difícil hacer la foto a la escucha, a la sorpresa, a la contemplación del sufrimiento, a la alegría compartida.

Las familias que viven aquí habían venido a buscar tierra y un mejor vivir, pero se encontraron con un conflicto que quitó la vida a muchos, especialmente catequistas y animadores.

Cuando, a comienzo de los años 80, la persecución se hizo más violenta, muchos se refugiaron en México por seis-siete años. A su retorno recomenzaron la reconstrucción de sus comunidades.

Tomás y Petrona habían venido a Ixcán a fines de los años 70. Su lengua es Maya-Mam. Su origen es Huehuetenango, en el departamento vecino. Cuando llegaron, les pareció haber encontrado la “tierra prometida”, donde no se necesitaba fertilizante para que la siembra del maíz diera frutos abundantes y buenos. Aquí hay agua y calor y llueve mucho.

Conquistar esta tierra no fue fácil. Había que adaptar la selva al cultivo del maíz y de los frijoles que son la base de la alimentación guatemalteca. Luego había que hacer espacios para los animales domésticos y las casas, construir los caminos y buscar cultivos de productos para tener algo de ganancia. Uno de esos cultivos es el cardamomo del cual Guatemala se ha vuelto el primer productor del mundo. Una de las cosas que quisieron construir en seguida fueron las capillas para poder celebrar su fe y para pedir que los sacerdotes administraran los sacramentos.

Tomás y Petrona encontraron aquí una linda comunidad católica, cada tanto el sacerdote venía para la Misa, los bautismos y los matrimonios, al mismo tiempo ellos, los laicos, como en todas las comunidades de Guatemala, se preparaban para ser animadores, catequistas, celebradores de la Palabra, ministros extraordinarios de la Eucaristía, operadores sociales. Es bueno recordar que aquí las conclusiones del Concilio Vaticano II tuvieron mucha repercusión y que la Acción Católica había hecho un muy buen trabajo de formación de líderes católicos que sabían integrar su fe con la dimensión social y humana.

Todo “marchaba entre rieles” hasta que el ejército comenzó a buscar guerrilleros por todas partes. En la lucha entre los dos adversarios armados, las comunidades católicas fueron las principales víctimas. Su compromiso, su vida comunitaria, su fe viva irritó al ejército que comenzó a perseguir a las comunidades y a sus animadores. Tomás y Petrona tuvieron que refugiarse en México. Con ellos muchos abandonaron todo: casa, terreno, herramientas, vestidos… ¡todo!

Escaparon a pie, a través de las montañas. Durante el viaje el papá de Tomás falleció y tuvieron que sepultarlo rápidamente, sin poder celebrar el tradicional novenario.

Mientras tanto el ejército destruía enteras aldeas: Kaibil Balám y Santo Tomás. Una comunidad que estaba reunida en la Iglesia para rezar fue masacrada. Se mataban indistintamente a niños, mujeres y ancianos. 4 catequistas de la comunidad Santiago Ixcán fueron martirizados porque de la Acción Católica.

A otro vecino, Don Miguel, lo pusieron preso. Después de ocho días de interrogatorios y torturas, el comandante se apiadó de él, vio que era inocente y le permitió volver a su casa, pero también allí el ejército estaba persiguiendo a la gente. Don Miguel logró escapar y también se refugió en México.

Como Don Miguel como Tomás y Petrona, muchos otros habían llegado de distintas regiones del país, de culturas y lenguas Maya diferentes: Mam, Poqomchí, Ixil, Quiché, Qekchí, Keqchiquél … todos buscando tierra fértil, todos eran católicos y cristianos comprometidos.

Después de algunos años de exilio, muchos, aunque no todos, volvieron. El ejército había impuesto las sectas protestantes en muchas aldeas y los católicos se encontraron rodeados por iglesias de todo tipo. Pero no se desanimaron, se organizaron, aprendieron a cantar ritmos más modernos y tocar instrumentos eléctricos y dieron a su fe un toque de alegría.

Tomás, ahora, anima el coro de su comunidad y todavía sueña con el ejército que lo persigue, Don Miguel no olvida el miedo y las torturas, pero su dolor y el dolor de todo un pueblo ha logrado crear comunidades interculturales que han sabido superar las diferencias y las distintas tradiciones. En esta zona las vocaciones Oblatas son una decena, fruto creo, del compromiso de los nuestros que acompañan, visitan, sirven sobretodo con las celebraciones, la formación y la organización.

Es inútil decir que la semana vuela rapidísimamente entre las visitas a las comunidades y a las familias particularmente donde hay enfermos a los cuales se les lleva siempre la Triple (Confesión-Comunión-Unción), las reuniones con los jóvenes, los juegos con los niños y los saludos a las familias del escolástico Esteban, de novicio Adonías, del pre-novicio Otoniel.

Es parte de un Noviciado: escuchar, contemplar a Dios en el pueblo, aprender de su sufrimiento. Ayudar a no olvidar el pasado para que ayude al futuro a ser mejor.

P. Pippo Mammana


Los padres y la hermanita del prenovicio Otoniel


Ministros de los enfermos


El cardamomo

La capilla de Kaibil Balám


Santiago Ixcán, uno dei villaggi visitati


c. Visitiamo le famiglie della comunitá


La oración de la mañana


Jugando con los niños de la comunidad

1 comentarios:

zenaida dijo...

P. Pippo
Excelente la historia, oportuno conocer las realidades de las regiones de cada país, gracias a Dios que les permite a ustedes cumplir con una gran misión y a este medio por comartír.

Dios les bendiga.
Un abrazo en Cristo y María
Zenaida

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