El otro día pude escuchar una meditación de P. Ricardo Falla, jesuita, sobre el martirio. P. Ricardo ha sido testigo directo de los mártires de Guatemala, ha escrito libros, entrevistado sobrevivientes. Él mismo acompañó Comunidades de Resistencia durante el conflicto interno de Guatemala, una guerra que duró de 1960 hasta 1996, que era dirigida por la CIA y en la que había presencia de soldados e instructores americanos.

Las Comunidades de Resistencia fueron aquellas comunidades, especialmente en Ixcán, que intentaron salvarse huyendo en la selva, algunas de las cuales P. Ricardo acompañó.

Durante la meditación P. Ricardo comparó el martirio en Guatemala con el martirio de Jesús que toda su vida huyó para salvarse hasta que un día decidió no huir más. En pocas palabras, el martirio es una decisión como la que tomaron varios catequistas y animadores de comunidad de Guatemala durante el conflicto.

Esa universalización me sugirió que también en las dificultades o en los conflictos que se pueden dar allí donde vivimos o trabajamos, la primera actitud, desde Jesús, no es la de ceder, sino de resistir hasta que “alguien que viene de Dios” no te sugiera tomar la decisión del “martirio”.

Siguiendo la meditación sobre el martirio, nos contó de una aldea que fue exterminada por el ejército, menos un hombre que logró salvarse y que luego se volvió testigo de la masacre. El testigo pudo ver como mataran a los hombres, mataran y violaran a las mujeres y mataran también a los niños, algunos destripándolos y reventándolos en la roca. Si buscamos en la Palabra de Dios, el salomo 137 (136), hace eco a esa costumbre de ejércitos e imperios: “¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste! ¡Feliz el que tome a tus hijos y los estrelle contra las rocas!” (Sal 137(136), 8-9).

P. Ricardo se preguntaba ¿Por qué mataron a los niños? ¿Por qué ese empecinamiento?

Él sugería que uno de los motivos de su crueldad hubiera podido ser: para que mueran en seguida con menos sufrimiento, pero concluía diciendo que los mataron porque los niños son la “semilla” de un pueblo, son el futuro. Ellos querían eliminar a los Maya desde sus raíces. Eso es genocidio. Por consiguiente era “necesario” violar a las madres que son las que generan vida y los padres que son generosos con sus abrazos hacia los niños, “semilla” del futuro.

Cuando el faraón quiso exterminar al pueblo judío, dio la orden de exterminar a los niños, pero también allí hubo un sobreviviente: Moisés, que se convirtió en el liberador de su pueblo.

Eso, dice la historia, no es un caso aislado, sino que se ha repetido en varias culturas, en varios imperios, antiguos y moderno: ¡maten a los niños para exterminar de una vez a ese pueblo que piensa y vive distinto!

Cuando Herodes se entera de lo de Jesús, organiza otro exterminio de niños: la matanza de los Santos Inocentes. Un exegeta muy conocido, por eso no lo nombro, dice que ese exterminio fue de dos o tres niños, nada más. Pero a la luz de la historia, a la luz de lo que ha pasado y pasa con los grandes Imperios que se vuelven crueles cuando tienen miedo, me parece que también la matanza de los Santos Inocentes fue multitudinaria. También allí hubo un sobreviviente, el mismo Jesús que fue la “semilla” de un pueblo nuevo.

En una película de Valerio Zurlini que cuenta la historia de un Jesús negro perseguido por los colonizadores blancos, Jesús, naturalmente, muere. Parece que nadie se entera del hecho, pero de repente aparece un testigo, es un niño que, cuando se ve descubierto, escapa. Los soldados intentan matarlo, pero el niño, con su vestido blanco, no es alcanzado por las balas. La libertad lo espera.

P. Pippo Mammana

1 comentarios:

carolina dijo...

Que fuerte, ignoraba esos sucesos en Guatemala. Me duele el corazón al pensar en esa gente, al pensar en la sociedad, en la humanidad (siempre han habido civilizaciones incivilizadas), pero más me duele la Iglesia. Hoy estoy, como muchos católicos europeos,con "crisis de fe". Se hacen ecos en mi corazón los reclamos actuales: "si la Iglesia esto, si la Iglesia aquello...", sin embargo en mi interior se que yo soy Iglesia y he estado buscando "resucitar" la fe en mi corazón, la fe que tenía de niña. Para ello he buscado a curas para hablar, necesito dirección espiritual, alguien que me sepa oir y orientar por las huellas de Jesús. Me encontré con que no hay tiempo para eso, si quiero puedo confesarme ... pero dirección espiritual... no es posible, además tampoco es necesario: provengo de una familia cristiana, siempre he tenido una fe robusta y he sido una cristiana comprometida, "todos tenemos crisis de fe y de vida", y ya saldré de ella seguro que "más fortalecida"... si no me traga antes la sociedad adormecida en que vivo... Con este espiritu decidí buscar una canción del Padre Zezinho que solía removerme las entrañas y me econtré con este artículo. Jamás pensé leer juntos resistencia e Iglesia, opción por los pobres, martirio e Iglesia... Sin embargo son las raices del Evangelio, me llenó de esperanza leer hasta que punto llegaron los catequistas y sacerdotes que optaron por los necesitados. La opción por los pobres es una opción evangélica y no caritativa, no se puede dar a los demás por caridad sino por amor verdadero a lo escencial. Jesús no se hizo hombre sin más, pudo ser un verdadero rey con ejercitos como se le espera aún,pudo ser un hombre rico e influyente pero decidió nacer como un hombre pobre, pobre a nuestros ojos y corazones duros, pero rico en espiritualidad y en valores.
Como hace 2000 años una parte de la humanidad explota y vive con cosas innecesarias a costa de de la otra parte de la humanidad, unas potencias explotan a otros y todo se oculta bajo amenaza de muerte... matar la semilla habéis escrito (niños golpeados hasta su muerte): la semilla se mata de varias formas, en Europa "la evangelizadora" la han matado a base de comodidades y lujos..., de mirar para otro lado, de no tener tiempo para estar junto al que necesita...y en caso de hacer algo aplaudirlo como una gran obra de caridad..., cuando es la Iglesia (todos)la responsable de la pobreza y esclavitud actual. Después de 2000 años miramos para otro lado cuando matan inocentes y no hemos sido capaces de ser sal y luz del mundo para cambiarlo.
La Iglesia somos todos no solo las autoridades esclesiásticas, a la luz de vuestro artículo ruego a Dios poder parecerme algún día al P. Ricardo, a la parte de la Iglesia que abraza el evangelio en toda su dimensión,con todas sus consecuencias, hasta el martirio... Ruego a Dios que pueda formar parte de esa Iglesia comprometida, antes de que me termine de embriagar la comodidad.

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