Cuando el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en Madrid, se acercó donde se hallaban en distintos grupos de “indignados” pertenecientes al “Movimiento 15-M,” después de pedir autorización al grupo para hacer uso de la palabra, comenzó diciendo:“Yo también estoy indignado. En realidad, todos estamos indignados….”

Por esas sorpresas que a veces nos depara la vida, tuve la suerte de participar, de algún modo, en el “Movimiento 15-M“ por las calles de Madrid el domingo 24 de julio.

Relato brevemente mis impresiones que fueron muchas y muy sorprendentes:

Pude caminar junto a una enorme multitud (la policía calculó en unos 35.000) en un pacífico y lento desplazamiento desde la Estación de Atocha hasta la Puerta del Sol, pasando por la Plaza de la Cibeles.

Por decisión del grupo no había ni alcohol, ni piedras, ni palos…. Nada de amenazas contra nadie, pero eso sí, tratando en todo momento de identificar a los causantes de la crisis ético-financiera que vive nuestro planeta. Una crisis que, según el grupo, “es mundialmente ética y consecuentemente política y económico-financiera.”

Quizás, lo que mejor puede explicarnos este sorpresivo y creciente movimiento es el leer los miles de mensajes que exhibían. En la marcha en la que yo participaba, eran cientos, quizás miles las pancartas de distintas dimensiones y colores, todas ellas redactadas con una clara finalidad didáctica y con gran sentido del humor. El mensaje que intentaban transmitirnos no se basaba en solemnes discursos sino en esa multitud de letreros que avanzaban en forma lenta y pacífica sobre las cabezas de los participantes y que nos querían transmitir. Pude lograr retener en mi memoria algunos de esos mensajes:

“Esto no es crisis: es estafa”. “Pueblo manso, pueblo esclavo”. “Vamos lento porque vamos lejos”. “Más Estado, menos mercado”. “El consumismo nos consume”. “Más pan, menos 'chorizos'” (corrupción)…

Las pancartas nos hablaban de los temas de más actualidad: medio ambiente, crisis ecomómico-financiera, problemas sociales, educativos, internacionales, culturales… Muchos de ellos se referían a la violencia sexual, al machismo, a la corrupción, a la extrema pobreza, a la falta de equidad, a la desocupación, a la fuga de capitales, a los “paraísos fiscales”….

Quizás la exigencia de una democracia real, con una crítica mordaz a los partidos políticos y al fracaso del modelo económico –financiero mundial, terriblemente egoísta e irresponsable, fueran los temas más presentes y más criticados.

Insistían los mensajes en que el ser humano en nuestra sociedad ya no es sujeto y protagonista, que ha dejado de ser el objetivo principal de la política y de la economía. La obsesión actual es el poder y la máxima ganancia económica y nada más…

Cuando la marcha llegó al frente del Banco Central de España se detuvo como por instinto. Hubo un momento de profundo silencio. De pronto alguien lo interrumpió gritando por el megáfono. “La Cueva de Alí Baba” y toda la multitud, como movida por un misterioso resorte de identidad de ideales comenzó a clamar: “Aquí está, aquí está, la Cueva de Alí Babá”…

Algo muy parecido sucedió al pasar ante el edificio de la Cámara de Diputados. Alguien gritó: “Estos no nos representan” y la multitud repitió hasta el cansancio: “No nos representan, no nos representan…”.

A muchos les queda la duda de que este movimiento denominado 15-M vaya a tener éxito. Sin duda que no les faltan razones para desconfiar. Sin embargo, no es esa mi opinión personal. Yo creo que va a tener gran influencia, no solo en España sino, sobre todo, en Europa, ya que expresa en forma pacífica, pero a la vez clara y decidida, lo que la inmensa mayoría de la gente piensa y quiere, más allá de su pertenencia política, religiosa o étnica.

En efecto, la crisis que vivimos no es solo económica-financiera: es, ante todo, una crisis de valores que se expresa de mil formas negativas y deprimentes en toda la sociedad mundial.

Aunque no se ha aclarado todavía el liderazgo en este movimiento tan espontáneo, sin embargo, sí se ha logrado aceptar que sus propuestas lleguen hasta el Parlamento y hasta Bruselas. También se ha logrado consenso mínimo para establecer algunas bases organizativas como, por ejemplo:

- No pactar con los partidos políticos.
- Lograr una reforma profunda del sistema electoral.
- Reclamar una democracia directa y real en toda Europa.
- Propiciar una legislación que castigue la corrupción y que favorezca la trasparencia política.
- Cambiar las leyes electorales aceptando que la opinión pública pueda borrar de las listas electorales a los candidatos que se les conoce como corruptos y explotadores.
- Llevar hasta el Congreso Europeo las propuestas más importantes en cuestión de educación, de ecología, de igualdad económica y de género, de creación de fuentes de trabajo… etc.
- Caminar en pequeños grupos desde distintos países hasta Bruselas para llegar el 17 de septiembre.
- Se decidió también el que la próxima reunión masiva se realizará en Madrid el 15 de octubre.

Ante la multitud de pancartas que contemplaba, me entró la curiosidad de saber si la Iglesia estaba, de algún modo, presente en este gran acontecimiento de enorme gravitación, consciente, sobre todo, que en él se expresa de un modo muy gráfico y didáctico toda la riqueza evangélica que la Iglesia Católica ha desarrollado a través de la llamada “Doctrina Social de la Iglesia”.

Pude constatar, no sin decepción de mi parte, que no había ninguna pancarta que expresara la presencia de algún movimiento social católico. No percibí nada que pudiera indicar su presencia. El movimiento de los “indignados” era y es eminentemente cívico. No obstante, quizás nunca se ha dado en nuestra sociedad un movimiento de carácter cívico tan masivo y que haya expresando con tanta fuerza y claridad, los contenidos de la enseñanza social de la Iglesia y los mensajes de nuestros Obispos.

Sentí en mi interior una profunda frustración y me dije para mí mismo: ¡“Que pena: estás solo, tremendamente solo…!!! ”.

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