(Les comparto brevemente lo que escribí el 6 de junio de 2009, hace poco mas de dos años.
Lencho: ¡te extrañamos!
)

Muy queridos todos:

Me tomo un tiempo de deber para el placer, para saludarles por escrito, como tanto he disfrutado hacer desde hace varios años - que también comunicar es deber. El tiempo ha sido prudencial - el imprudente he sido yo. Lamento mucho que el silencio haya sido tan largo. Les saludo con alegría y nostalgia desde Playa Grande, la cabecera del Municipio de Ixcán, en el Departamento de Quiché, Guatemala; también Playa Grande es la sede de nuestra parroquia, Cristo Redentor.

El lunes 18 de mayo salí con Juan Venne, director de la Casa Vocacional de los OMI aquí en Playa Grande, rumbo a Cobán. Salimos alrededor de las 6:00. Estando en Cobán hicimos algunas diligencias y compras - algunas de las cuales tenían que ver con víveres para los Oblatos de Guatemala, con quienes nos reuniríamos en Playa Grande a partir de esa tarde-noche. Durante el almuerzo llamé a Jean Claude (47), que me dijo que no venían todos los oblatos, sino solo cinco: Rodrigo (+-77), Kapustka (73), Rubén (73), Lorenzo (74 hacía dos días) y el mismo Jean Claude. Me dijo que salían de Cobán en ese momento - y yo, almorzando en Cobán, me dí cuenta que saldría y llegaría una hora después que ellos.

Llegamos al área protegida de la Laguna Lachuá alrededor de las 18:30hs. Ví un carro de la policía y varias motos en un lugar, y aunque me llamó la atención ver muchas motos juntas (tal vez cinco), no le presté demasiada atención y seguimos de largo. Unos minutos más adelantes detuve el carro (sí, aquí se llaman CARRO) en el puesto de inspección sanitaria. Me bajé para la inspección y el fulano me sorprendió diciendo: "Padre, córrale al hospital, acaba de pasar el bus con los padres... llevan un herido". En ese momento me subí al carro y le grité a Juan (¡pobre Juan!) que se subiera, que era urgente salir. Recibí una llamada (benditos celulares... que esa noche más que nunca los hemos usado): era José Manuel, el Párroco.

"Asaltaron a los padres, mataron a Lorenzo, Jean Claude está herido, ¡vámonos al hospital!"

Me fui a toda - a 60, que es a todo lo que se puede ir en estos caminos - al hospital, que estaba a 2 min. Llegué 2 min. antes que José Manuel y el resto.

A la entrada del hospital me encontré a Kapustka, de pie detrás del bus de los oblatos (cuando escribo BUS léase VAN). Pero no era el Kapustka de siempre: parecía flaco (aunque no lo es), con cara de tonto (no lo es), y tenía una gran mancha de sangre en la barriga, en su normalmente inmaculada guayabera. Estaba sereno - y alterado a la vez. Le saludé y pregunté qué pasó, y me dijo con alterada serenidad: "Nos asaltaron, mataron a Lorenzo y JC está herido. Subimos al bus de nuevo y Rodrigo nos trajo al hospital."

Noté que el cuerpo de Lorenzo estaba en el bus, cubierto por alguna manta. Saludé un poco a Rubén y a Rodrigo, y entré al hospital para ver a JC: parecía dormido, o por lo menos intentaba descansar y no lo molesté. De inmediato me informé: sus heridas no eran de gravedad, no atravesaron órgano vital ni rosaron hueso, y estaba estable.

Llegó José Manuel con Carlos (un ex-oblato que se reintegra a nuestras filas), yo llamé a Félix y a Cruz, que estaban en camino, para decirles, sin decirles, que vinieran al hospital y no al pueblo.

Total, que en poco tiempo estábamos ahí todos. Confundidos, tristes, indignados, y tomando decisiones. De inmediato me dí cuenta que uno tendría que ir con Jean Claude (y tomar decisiones), y otro tendría que quedarse en Playa - y tomar muchas más decisiones, y lidiar con los policías, los médicos, y el MP. No había mucho de donde: los viejos no estaban para tomar decisiones, y los jóvenes... pos al ver que Cruz y Félix eran fuereños, solo estábamos José Manuel y yo. Decidimos que JM se quedara en PG y que yo viajara a Cobán con JC. Me fui con tres policías en su carro policial y un Jean Claude aturdido e incómodo - aturdido pero conciente (sí se puede). En el camino, muy cerca del lugar del ataque, ví un cocodrilo - lo menciono porque me impactó mucho: siempre los estoy buscando y nunca los había visto, y esta noche triste, sin buscarlo, se nos atravesó en la carretera.

Durante el camino a Cobán recibí muchísimas llamadas telefónicas - tantas que eventualmente la pila del celular dió todo de sí. Llegamos al hospital nacional en Cobán, donde ya nos esperaban. Jean Claude llegó bien, aunque con alta presión: en el fondo yo tenía las misiones de acompañar a Jean Claude, eventualmente llevarlo a la capital, y arreglar con la embajada de los EUA el tema de Lorenzo. Los Oblatos tenemos como tradición sepultar a los hermanos en el país donde murieron.

Hay que decir que Jean Claude es un hombre de relaciones, y seguramente en el año y medio que lleva en Guatemala, conoce más gente "importante" que todos los demás oblatos juntos. Para la noche Lorenzo, Jean Claude y los oblatos ya éramos noticia nacional (no se cuántas veces oí esos días "te ví en la tele, saliste en la tele, usted sale en las noticias, ¿no nos conocemos?). LONG STORY SHORT, a Jean Claude lo estabilizaron en Cobán y, aunque le ofrecieron transporte aereo (militar) a la Capital, conseguí una ambulancia de los bomberos voluntarios para ir por tierra - dado que no estaba muriendo - y decidimos usar la oferta de la avioneta para llevar el cuerpo de Lorenzo y a los padres oblatos mayores a la capital.

Dicen que aquí en Playa hubo dos Misas para Lorenzo - llenísimas. Hay gente que dice que no sabía que en Playa hubiera tantos carros: muchísima gente. Y me la perdí, porque yo sí soy de los que necesita abrazo y apapacho. Y es que Lorenzo estuvo aquí de 1993 a 2000. Posiblemente era la primera vez que trabajaba con indígenas de manera formal. Seguramente era la primera vez que trabajaba en una parroquia muchos años. Fueron años difíciles, años de guerra, de procesos de paz, años de linchamientos... y aquí estuvo el buen Lencho.

Al llegar al Hospital de Cobán yo fuí sorprendido por Cecilia Beb, hija de Juan Beb, catequista de nuestra parroquia. Yo sabía que Cecilia estaba en el Cobán cuidando a su esposo que tenía accidente de moto. Cecilia se me acercó llorando y me abrazó como si Lorenzo fuera su papá - o mi papá. Yo la abrazaba, y también veía a la gente que nos veía con cara de "qué hace esta cobanera abrazando al gringo como si fueran familia" - y claro, poco sabían que sí, que somos familia, y que ese abrazo lo necesitábamos harto - tanto ella como yo. Seguramente tendría muchas memorias de Lorenzo cuando estuvo en Ixcán.

Los periodistas, en general, fueron buena onda. Tenía, además, la buena suerte de haber conocido a uno hacía meses en Ixcán. Él fue verdaderamente bueno, porque cubrió la nota - pero muy discreto. Además se puso a mis órdenes, y me ayudó a conseguir la ambulancia. Todavía le debo las gracias.

También el personal clínico del hospital fue muy amable. Es un hospital nacional como ustedes podrán imaginarse - o tal vez no. El caso es que me consiguieron una camilla y una mantita, y ahí, en emergencia, dormí junto a Jean Claude. Me ví tentado a desconectarle el monitor, pero resistí.

A todo esto, Jean Claude siempre cansadón, pero siempre de buen humor. Algunos periodistas se le acercaban y querían preguntarle cosas. No entiendo cómo los médicos les dejaban pasar... yo les pedí que no fueran gachos, y que al menos me dieran chance de preguntarle al padre si quería que lo entrevistaran. Y él dijo que sí... y estuvo muy chistoso. Mire usted:

"Padre: ¿cómo se llama?"
"Jean Claude Ngoma"
"Padre Llangló: ¿cómo se escribe padre?
"Se escribe P-A-D-R-E".
(y se quedaron viendo unos a otros, medio frustrados, con esa cara de: "este negro ya nos chingó y estamos al aire").

Martes 19
Algunos periodistas me cabrearon por celular - y también algunos del club de fans del padre Jean Claude. No los culpo - sobre todo a los segundos. Y creo haber sido amable con todos. Hubo un caso, sin embargo, el de Radio Universidad... habiendo llegado a la capital, me llamó - uno se pregunta cómo consiguen los números. Le pedí que me llamara en diez minutos. Volvió a llamarme, y le pedí paciencia de diez. A los diez - o menos, me dice el bombero voluntario que manejaba la ambulancia a la capital: "Padre, es para usted". Era el fulanito de Radio U, que me pregunta qué pasó.

Cabreado y falto de paciencia, en tono policíaco (se me da bastante bien - tal vez por aquello del Temístocles) le dí breve descripción de los acontecimientos. Acto seguido, Fulanovich me pregunta: "¿qué pide usted, qué exige usted a nuestras autoridades?". Yo me sentía hostigado, acosado... como que sentía que había contestado las mismas preguntas treinta veces - aunque tal vez solo fueron seis - le respondí de inmediato y sin pensarlo: "lo mismo que usted". Como que no se la esperaba... se le trabó la lengua... y me dijo gracias y se acabó.

Esa tarde un amigo de Jean Claude me llevó a la casa y me pidió que me bañara y me acostara. Yo me bañé y me fuí a la parroquia. Como que ya me había perdido el funeral de Lorenzo en Ixcán, y no me iba a perder el de Guate. Así que llegué a la iglesia... llenísima. Me encontré con mucha gente conocida, algunos de mucho tiempo sin vernos. Lo interesante es que nos encontramos con mucha gente para nosotros desconocida - era la gente de Lorenzo. Los misioneros y misioneras de la Caridad, la gente del Asilo de niños con VIH, gente del hospital general, gente de su grupo de REIKI... en fin, todo eso llenísimo.

Hasta el Cardenal, con quien hemos tenido momentos difíciles últimamente, se hizo presente (bueno, claro, porque si no va, creo que la prensa y la comidilla popular se lo devoran - otra vez).

Hicimos la Misa esa noche de martes. Había quién para presidir, pero no para predicar, así que me tocó. La verdad es que yo me siento muy cercano a Lorenzo. Siempre me he sentido así, y casi con seguridad podría decir que me siento más cercano a él que cualquiera de los demás oblatos de la Provincia.

Al día siguiente tuvimos la Misa del último adiós, presidida por el Obispo de Quiché. Nos acompañó también el Nuncio Apostólico y el Obispo de Jalapa, que fue muchos años obispo en Quiché y con quien los oblatos trabajaron por muchos años. La homilía la hizo Vicente Louwagie - y creo que ha sido de las mejores homilías que he oído en mi vida. Hay de verdad muchísimas cosas que decir de Lorenzo - y muchas que son muy personales. Lo cierto es que Lorenzo, un hombre tímido, reservado y simpático, de ojos grandes y de un azul brillante, de tipo atlético, muy auténtico y valiente, es un hombre a quien he admirado durante muchos años, y me siento muy bendicido no solo por haberle llamado hermano, sino sobre todo AMIGO.

No pude escribir los versos mas tristes esa noche. Estos que escribo no son tampoco los más alegres, ni los más auténticos. Podrían ser, eso sí, los más esperados, los más necesarios y los terapéuticos para este momento.

Agradezco profundamente sus oraciones y sus saludos. Y si quieren que les preste un santo, encomiéndense a Lorenzo Rosebaugh, que además de contemplativo, preso por predicar la paz y hombre de gran compasión, ES MI AMIGO.

Gran abrazo, con todo cariño.
Hipolito Olea Tinoco OMI

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