En esta ocasión la hermana Glenda nos invita a orar con la palabra que Yavhé dirigió a Jeremías cuando le mandó bajar a la alfarería. Nos lleva a ponernos como barro en manos de nuestro alfarero, Dios. Para El nada hay imposible si nosotros nos sentimos arcilla y queremos ser moldeados por Aquel que nos dio la vida y no deja de amarnos. El nos arregla siempre que nos rompemos y siempre saca una nueva vasija.


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