¡Un cordial saludo a todos! 

Soy Mons. Guillermo, obispo de Ciudad del Este, Paraguay. Vamos avanzando más días en la cuarentena. No sé qué aspecto les llama más la atención. A mi me impresiona sobre todo que esto es algo mundial. Todas las noticias de tantos países diferentes reflejan la misma gran preocupación que nos afecta a todos. Se puede sentir que la humanidad en este momento se da cuenta que estamos navegando en el mismo barco. Estamos habitando una gran casa común. Nunca lo hemos sentido antes como en estos días de pandemia. (Siga en youtube.)

En el Paraguay celebramos el Año de la Palabra de Dios. Desde el principio habíamos dicho que se trata de abrir la biblia, leer la palabra de Dios escrita, pero que no sólo es eso. Dios habla de otras maneras también: por la naturaleza o por los acontecimientos o por las personas que encontramos. ¿Qué es lo nos dice Dios hoy por los hechos? Me atrevo a decir lo que siento personalmente, imaginado que vale para otras personas más.
  • Una cosa que el Señor nos dice con seguridad es que no nos desanimemos. El desánimo no es de Dios. Necesitamos buscar Su paz: “mi paz les dejo, mi paz les doy, no la doy como la da el mundo” (Jn 14,27). Con mucha humildad tenemos que buscar esta paz reconociendo que necesitamos cambiar nuestras vidas pero que seguimos siendo seres muy queridos por nuestro Creador y Salvador. Su Espíritu divino quiere encenderse con más fuerza en nuestro corazón.
  • Segundo, Dios se comunicará con nosotros a través del abundante tiempo libre, silencioso que nos regala ahora que nos quedamos en casa. El tiempo es un hermoso regalo – para cuidar los detalles de la casa, para hablarnos, para agradecer a Dios, para alabarlo y pedirle muchas cosas. Valoremos estos momentos de meditación, de oración que siempre habíamos buscado. No desperdiciemos este tiempo. Conversemos también con los Santos de nuestro nicho familiar, con la Virgen María. Pensemos en la misma persona de Jesús que sabemos que está en el Santísimo en algún templo no tan lejano, y que también nos espera en la Biblia, en la palabra escrita de Dios. Busquemos momentos de oración común con los de la casa.
  • En tercer lugar, no pensemos solamente en nosotros. Hay muchos que están más afectados por la enfermedad que nosotros, comenzando con las personas que no tienen un ingreso seguro del que se puede vivir dignamente en estos días de cuarentena. Otras personas se dedican a cuidar a los enfermos corriendo muchos riesgos, pasando muchas fatigas. Ahí están también todos los que cumplen funciones necesarias para que el bien común. Pensemos también en los que sufren de la soledad y se desesperan, que no aguantan quedarse en casa y hacer nada. Todos ellos necesitan nuestra oración, o una llamada por teléfono, o una mano generosa que les ayude.

Los sacerdotes vamos a seguir oficiando la santa misa por el bien de todos, por el país, por la humanidad. Hoy más que en otros momentos nos damos cuenta de que habitamos una casa común. El mundo puede sentir más que en tiempos ordinarios que existe “Él que vive” (Apoc 1,18), que hay Alguien que nos cuida. De parte de los cristianos, nuestro mayor aporte será la serenidad, la oración y la solidaridad vividos con sencillez.



Fuente:

Reflexiones y noticias de Mons. Guillermo Steckling OMI, obispo de Ciudad del Este, Paraguay

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